{"id":47948,"date":"2025-05-05T17:07:20","date_gmt":"2025-05-05T21:07:20","guid":{"rendered":"https:\/\/hipismo.net\/?p=47948"},"modified":"2025-05-05T17:07:20","modified_gmt":"2025-05-05T21:07:20","slug":"cuatrocientas-rosas-bajo-la-lluvia-por-ramon-bueno-tizon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/new.hipismo.net\/?p=47948","title":{"rendered":"CUATROCIENTAS ROSAS BAJO LA LLUVIA por Ram\u00f3n Bueno Tiz\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>El auto se detuvo ante lo que parec\u00eda ser la caseta de un peaje. Una se\u00f1ora mayor se asom\u00f3, cabello blanco y lentes de abuelita. Le pidi\u00f3 al conductor su identificaci\u00f3n. El conductor le explic\u00f3 que solo ven\u00eda a dejarme; \u00e9l era un chofer de \u00faber. La abuelita volte\u00f3 hacia donde yo estaba, sentado en el asiento trasero. Con mi mejor sonrisa, le dije que ven\u00eda a recoger mi credencial. Me hab\u00edan dado instrucciones expresas de recogerla aqu\u00ed, en el West Hall del Kentucky Expo Center.<\/p>\n<p>\u2013<em>Okay, so you are going to work <\/em>\u2013dijo la abuelita. Se levant\u00f3 la tranquera que ten\u00edamos al frente y nos franque\u00f3 el paso\u2013. <em>Have a good day!<\/em><\/p>\n<p>Era viernes, el d\u00eda de las Oaks. A pesar de los pron\u00f3sticos de lluvia, hab\u00eda salido un sol bastante t\u00edmido. Pero unas nubes siniestras nos advert\u00edan que pod\u00eda empezar a llover en cualquier momento. Mientras el auto avanzaba hacia los amplios edificios del Kentucky Expo Center, me qued\u00e9 pensando en las palabras de la abuelita. <em>So you are going to work\u2026 <\/em>Me sorprendi\u00f3 la gran cantidad de buses escolares aparcados por toda la playa de estacionamiento. No ten\u00eda la menor idea de d\u00f3nde quedaba el West Hall. Le dije al conductor que prefer\u00eda buscarlo a pie.<\/p>\n<p>Baj\u00e9 del auto y deambul\u00e9 unos metros, mirando a derecha e izquierda. El Kentucky Expo Center era un centro de convenciones gigantesco, con una gran cantidad de construcciones, salas y auditorios. Vi un letrero que dec\u00eda West Hall. Al llegar, me encontr\u00e9 con una fila largu\u00edsima de personas que hac\u00edan cola para abordar los buses escolares. Todos iban a Churchill Downs y todos llevaban puesto algo de color rosa, como manda la tradici\u00f3n para ir a las Oaks. Entonces comprend\u00ed que los buses hab\u00edan sido fletados para transportar al personal que trabajar\u00eda viernes y s\u00e1bado en el hip\u00f3dromo, con motivo de las Oaks y el Derby. Mir\u00e9 la hora. 8:20am. Segu\u00eda llegando gente, el color rosa cada vez m\u00e1s presente. Los buses tambi\u00e9n hac\u00edan cola. Se llenaba un bus, part\u00eda e inmediatamente llegaba uno nuevo. Todos los accesos vehiculares de Churchill Downs deb\u00edan de estar bloqueados, pens\u00e9. Y m\u00e1s tarde ser\u00eda peor. Ten\u00eda que recoger mi credencial de periodista y hacer la cola para llegar lo m\u00e1s temprano posible a Churchill Downs. El Kentucky Derby era realmente cosa seria.<\/p>\n<p>El Kentucky Derby es la carrera m\u00e1s importante de los Estados Unidos, primera potencia del turf global. Y, para muchos, se trata de la carrera m\u00e1s importante del mundo. No por algo se le conoce como \u201c<em>the most exciting two minutes in sports<\/em>\u201d, los dos minutos m\u00e1s emocionantes del deporte. La frase fue acu\u00f1ada por el c\u00e9lebre Matt Winn, quien dirigiese las riendas de Churchill Downs por casi cincuenta a\u00f1os, entre 1902 y 1949. Puede decirse que Matt Winn es el principal art\u00edfice del aura actual que tiene el Kentucky Derby. Con una impresionante visi\u00f3n de mercado, logr\u00f3 conectarlo con la alta sociedad, las celebridades, la prensa y las clases trabajadoras, hasta convertirlo en lo que es hoy: un evento clave en el imaginario colectivo americano.<\/p>\n<p>Al Derby se le denomina tambi\u00e9n la Carrera de las Rosas, por la famosa guirnalda que se le coloca al ejemplar ganador. Institucionalizada en 1932 por el propio Matt Winn, la guirnalda est\u00e1 compuesta por m\u00e1s de cuatrocientas rosas rojas de la variedad Freedom, que se traen de Colombia y Ecuador una semana antes del Derby. Es cosida a mano por una docena de floristas y cerca de setenta voluntarios en la localidad de Middletown, Kentucky, treinta kil\u00f3metros al este de Louisville. Su elaboraci\u00f3n se transmite en vivo y est\u00e1 a cargo de Kroger, la cadena americana de supermercados que tiene la florister\u00eda m\u00e1s grande de los Estados Unidos. La guirnalda mide 122 pulgadas de largo por 55 de ancho y pesa casi veinte kilogramos. Est\u00e1 forrada en tela bengalina muar\u00e9 color verde intenso, con el sello del Commonwealth of Kentucky bordado en un extremo y el logo de Churchill Downs en el otro. Su importancia es tal, que la guirnalda es transportada al hip\u00f3dromo por la polic\u00eda local y custodiada por la Armada americana hasta su entrega al caballo ganador.<\/p>\n<p>La oficina de entrega de credenciales se encontraba en el propio edificio del West Hall. Seg\u00fan el correo electr\u00f3nico que recib\u00ed cuando aprobaron mi acreditaci\u00f3n, las credenciales no ser\u00edan entregadas en Churchill Downs sino en el Kentucky Expo Center, seg\u00fan un riguroso horario de entrega. El \u00faltimo d\u00eda era el mismo viernes, el d\u00eda de las Oaks. \u00a0Estaba sobre la hora. Tampoco hubiese podido recogerla antes, porque hab\u00eda aterrizado en Louisville la noche anterior.<\/p>\n<p>Le entregu\u00e9 mi documento de identidad a la encargada, una mujer de edad mediana con el cabello frisado. Ella ley\u00f3 mi nombre y exclam\u00f3 Per\u00fa en voz alta. Luego desapareci\u00f3 tras una puerta. Supuse que no solo entregaban credenciales de prensa sino todo tipo de pases para ingresar a Churchill Downs, tanto el viernes como el s\u00e1bado. Al poco rato, la mujer regres\u00f3 con mi credencial: un rect\u00e1ngulo plastificado con una cinta verde que dec\u00eda Media &amp; Broadcast. Ten\u00eda un sinn\u00famero de letras en diferentes colores; quise creer que me abrir\u00eda todas las puertas posibles. Pregunt\u00e9 si deb\u00eda firmar algo, pero me dijo que no, ya todo hab\u00eda sido registrado en el sistema. Estaba listo para subirme a uno de los buses y partir rumbo a Churchill Downs.<\/p>\n<p>El hip\u00f3dromo de Churchill Downs est\u00e1 indisolublemente ligado al Kentucky Derby. Fue construido en 1875 por Meriwether Lewis Clark Jr., nieto del explorador William Clark y miembro de una de las primeras familias asentadas en Kentucky. Tras un viaje a Inglaterra, quiso crear una carrera similar al Epsom Derby en los Estados Unidos. Eligi\u00f3 Louisville y levant\u00f3 Churchill Downs sobre unos terrenos de 80 acres, de propiedad de sus t\u00edos John y Henry Churchill, de donde proviene su nombre. La inauguraci\u00f3n fue el 17 de mayo de 1875, fecha en la que se corri\u00f3 la primera edici\u00f3n del Kentucky Derby, con la victoria del potrillo americano Aristides.<\/p>\n<p>Ubicado al sur de Louisville, Churchill Downs tiene una capacidad para unas 50,000 personas sentadas. Pero con motivo del Derby, el aforo puede alcanzar las 170,000 almas. La pista principal es un \u00f3valo de arena blanca con un per\u00edmetro total de una milla y un brazo en la recta opuesta que se pierde tras el nuevo edificio del First Turn Club. La pista de c\u00e9sped est\u00e1 situada al interior de la pista de arena y mide apenas 1400 metros. En ambas pistas se corre en el sentido inverso a las agujas del reloj. Y en el Derby, que se disputa en la pista principal, los caballos dan una vuelta completa y pasan dos veces frente a la meta.<\/p>\n<p>Uno de los elementos caracter\u00edsticos de Churchill Downs, tan antiguo como emblem\u00e1tico, constituye a la vez su s\u00edmbolo por excelencia: las famosas\u00a0<em>Twin Spires<\/em>\u00a0o agujas gemelas. Dos chapiteles octogonales y sim\u00e9tricos colocados sobre peque\u00f1as torres en el techo de la tribuna principal. Hoy en d\u00eda, las\u00a0<em>Twin Spires<\/em>\u00a0son una atracci\u00f3n tur\u00edstica por s\u00ed solas, as\u00ed no haya carreras. Pero lo m\u00e1s importante es que hacen reconocible a Churchill Downs a primera vista en el mundo entero. Algo que ning\u00fan otro hip\u00f3dromo ha podido lograr.<\/p>\n<p>Cuando llegu\u00e9, Churchill Downs parec\u00eda una peque\u00f1a ciudadela, vibrante y bulliciosa, en donde la tensi\u00f3n se respiraba en el aire. Tal como lo supon\u00eda, los accesos vehiculares regulares estaban fuertemente restringidos, custodiados por piquetes policiales cada cien o doscientos metros. El bus me dej\u00f3 muy cerca de las puertas del Paddock. Tuve que pasar por un control de seguridad y un torniquete de cuerpo completo, de esos que giran lentamente.\u00a0Una vez dentro, vi gente por todas partes. Personas que iban y ven\u00edan de un lado al otro, apuradas y firmes, como abejas obreras en un panal. Trabajadores que cargaban objetos pesados o jalaban plataformas de transporte. Mujeres que terminaban de instalar alguna tienda. Personal de seguridad que se acomodaba en su ubicaci\u00f3n definitiva. Y el color rosa, ubicuo, casi absoluto.<\/p>\n<p>Dar con la sala de prensa era como encontrar una aguja en un pajar. Instintivamente, ingres\u00e9 al interior del edificio central. Sent\u00ed como si hubiese entrado al lobby de un centro comercial, los pasillos de un hospital o las dependencias de cualquier otro edificio p\u00fablico. Gente y m\u00e1s gente. Accesos. Puertas. Corredores. Letreros y carteles que dec\u00edan de todo menos d\u00f3nde quedaba la sala de prensa. Comenc\u00e9 a preguntar, pero ninguna de las personas a las que abord\u00e9 ten\u00eda la menor idea. Una muchacha que estaba sentada en una mesa despleg\u00f3 el Staff Guide, un encarte a colores que pod\u00eda doblarse en ocho y tra\u00eda toda la informaci\u00f3n sobre los ambientes, zonas e instalaciones de Churchill Downs. Pero no dec\u00eda nada sobre la sala de prensa. Igual me regal\u00f3 el encarte, por si me serv\u00eda de algo. Camin\u00e9 hacia lo que vendr\u00eda a ser la explanada de las tribunas, sembrada de asientos de color verde. En la pista de carrera, sobre la arena tan blanca, estaban todos los fot\u00f3grafos acreditados. Ah\u00ed me encontr\u00e9 con Carlos Morales, periodista venezolano de Agentes 305, quien me dijo que la sala de prensa hab\u00eda sido acondicionada en el Parlay, junto al Museo.<\/p>\n<p>El Parlay es un sal\u00f3n de simulcasting para apostar en diferentes hip\u00f3dromos, con televisores y monitores de alta resoluci\u00f3n. Est\u00e1 ubicado en el primer piso del Grandstand, a la altura de la puerta 1. Ni bien entr\u00e9, ya se encontraba rebosante de periodistas y fot\u00f3grafos. Vi cub\u00edculos y mesas comunes, todas ocupadas. Me instalaron en un espacio disponible, junto a una pared. Acomod\u00e9 mis pertenencias \u2013el Daily Racing Form, que hab\u00eda comprado por diez d\u00f3lares, as\u00ed como el programa oficial, en papel couch\u00e9 rosa\u2013 y sal\u00ed a curiosear. El d\u00eda reci\u00e9n empezaba.<\/p>\n<p>No hay carrera en los Estados Unidos que tenga el magnetismo, la presencia medi\u00e1tica y el peso simb\u00f3lico, econ\u00f3mico y cultural del Kentucky Derby. Para empezar, se trata del evento h\u00edpico con la mayor audiencia en vivo a nivel global, con las 170,000 almas que se dan cita en Churchill Downs. Asimismo, es la carrera que tiene la mayor visibilidad en medios de prensa de todo el mundo: el Derby se transmite en 160 pa\u00edses y se estima que m\u00e1s de cien millones de personas lo siguen, si se suman televisi\u00f3n, streaming, redes sociales, as\u00ed como medios escritos y digitales.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, el Derby genera alrededor de USD 400 millones de d\u00f3lares para la ciudad de Louisville y el estado de Kentucky. Todo esto, entre gastos de turistas, venta de entradas, apuestas, merchandising, patrocinios y derechos de transmisi\u00f3n, as\u00ed como eventos asociados. En t\u00e9rminos de apuestas, el Derby jala para arriba y cada a\u00f1o se rompe el r\u00e9cord del a\u00f1o anterior. El 2025, solo en la carrera del Derby se apost\u00f3 USD 234.4 millones, superando el r\u00e9cord del 2024 que fue de USD 210.7 millones. Y en toda la semana del Derby se jugaron USD 473.9 millones, frente a los USD 446.6 millones apostados en el 2024.<\/p>\n<p>Y por si ello fuera poco, el Kentucky Derby es un fen\u00f3meno cultural sin parang\u00f3n en los Estados Unidos y el mundo entero. Sin\u00f3nimo de tradici\u00f3n y celebraci\u00f3n de lo sure\u00f1o, el Derby se alza como un festival de primavera, con s\u00edmbolos casi rituales como el mint julep \u2013la bebida oficial del Derby\u2013, la canci\u00f3n <em>My Old Kentucky Home <\/em>\u2013un verdadero himno regional\u2013, los sombreros exc\u00e9ntricos, adem\u00e1s de la famosa guirnalda de rosas. Asimismo, para muchos el Derby es un desfile de modas al aire libre, en donde la vestimenta, el <em>outfit <\/em>y la pose son tan o m\u00e1s importantes que la carrera misma. Mujeres en <em>sundress<\/em> o vestidos floreados, fascinadores en la cabeza y accesorios a la orden del d\u00eda. Hombres en trajes coloridos, corbatas michi, sombreros tipo Panam\u00e1. Tambi\u00e9n se dan cita celebridades, artistas, empresarios y pol\u00edticos: desde presidentes hasta estrellas de Hollywood. Por otro lado, la semana del Derby convierte a Louisville en una fiesta desbordada: conciertos, desfiles, fuegos artificiales sobre el r\u00edo Ohio, festivales gastron\u00f3micos y bailes de gala. Eso hace que el Derby sea el m\u00e1ximo orgullo del estado de Kentucky, el evento m\u00e1s importante del a\u00f1o y su mejor vitrina al mundo.<\/p>\n<p>Una escalera interna conectaba la sala de prensa con las tribunas del Grandstand. Subir por sus pelda\u00f1os era como entrar a una m\u00e1quina del tiempo; parec\u00edan estar suprimidos todos los sonidos del exterior. La escalera desembocaba en un corredor lleno de vida: puestos de comida, bares, m\u00e1quinas de apuestas. Gente por doquier, color rosa aqu\u00ed y all\u00e1. A trav\u00e9s de varias puertas dobles, se llegaba a las tribunas. La ubicaci\u00f3n era aceptable para ser el fin de semana del Derby: a unos doscientos metros de la meta, con una excelente vista de ambas pistas y del Big Board, la pantalla gigante de alta definici\u00f3n de Churchill Downs. Hab\u00eda boxes de seis plazas, que se fueron poblando conforme avanzaban las horas. Sin embargo, los sitios asignados a la prensa estaban m\u00e1s arriba, detr\u00e1s de las columnas. Me sent\u00e9 en uno de esos asientos, semejantes a carpeta de colegio, para ver la victoria de Fierceness en los 1700 metros del Alysheba Stakes. No se ve\u00eda mal, pero se deb\u00eda lidiar con unos pilotes largos y delgados, intercalados cada cinco o seis metros, que complicaban la visi\u00f3n. Hab\u00eda que procurarse una mejor alternativa.<\/p>\n<p>Por suerte, la sala de prensa ten\u00eda un acceso directo a la pista de carrera. Me cost\u00f3 encontrarlo, de lo intrincado que era. Tuve que preguntar a los encargados de la propia sala y aun as\u00ed deb\u00ed seguir a unos fot\u00f3grafos y luego dejarme guiar por mi intuici\u00f3n, mientras atravesaba un t\u00fanel fuertemente iluminado. Realmente vali\u00f3 la pena. Llegu\u00e9 a una zona habilitada para que los propietarios de los caballos pudiesen ver las carreras lo m\u00e1s cerca posible. Apenas a unos cien metros de la meta, junto a la boca de acceso al Paddock. Pero lo mejor era la entrada a la propia pista de carrera, por la cual ingresaban los fot\u00f3grafos. Estaba custodiada por un agente de seguridad. Prob\u00e9 suerte y le mostr\u00e9 mi credencial. Ante mi sorpresa, me franque\u00f3 el paso. No ten\u00eda chaleco de fot\u00f3grafo, ni siquiera una c\u00e1mara en la mano y ya estaba en la mism\u00edsima pista de Churchill Downs, en una posici\u00f3n inmejorable. Me acomod\u00e9 lo m\u00e1s cerca que pude a la meta, pegado a la baranda exterior. Hab\u00eda otras personas como yo, entre periodistas, fot\u00f3grafos y personal del hip\u00f3dromo. Nadie me dijo nada. Pude ver en primera fila la carrera estelar de las yeguas mayores, La Troienne Stakes, con la presencia de la campeona Thorpedo Anna, que lleg\u00f3 \u00faltima. En verdad, eso era lo de menos. Hab\u00eda encontrado el lugar perfecto para ver tanto las Oaks como el Derby.<\/p>\n<p>En t\u00e9rminos h\u00edpicos, el Kentucky Derby es la primera etapa de la Triple Corona americana, que se completa con el Preakness y el Belmont Stakes. Pero el Derby es largamente la m\u00e1s importante de las tres. Se programa el primer s\u00e1bado del mes de mayo y se corre sobre una distancia de 2000 metros en pista de arena. T\u00e9cnicamente, es una prueba reservada para productos de tres a\u00f1os, lo que significa que pueden correr tanto potrillos como potrancas. Pero las potrancas no suelen ser inscritas en el Derby, al tener a su disposici\u00f3n las Oaks, carrera destinada exclusivamente para hembras y que se corre el d\u00eda anterior.<\/p>\n<p>Es muy dif\u00edcil ganar el Derby. No solo porque se debe clasificar para tomar parte, seg\u00fan un sistema de puntajes por carreras previas. Tambi\u00e9n porque, entre todas las competencias de \u00e9lite que se corren en los Estados Unidos, el Derby es la que tiene el mayor n\u00famero de participantes \u2013veinte en total\u2013, lo que implica un alt\u00edsimo componente de azar y estrategia, por el intenso tr\u00e1fico que se genera. Pero, por encima de todo, el Kentucky Derby es dif\u00edcil de ganar porque un caballo solo puede correrlo una vez en su vida: cuando tiene tres a\u00f1os de edad. Si no pudo hacerlo por cualquier motivo o si lo corri\u00f3 y lo perdi\u00f3, no hay revancha posible. El Derby no da segundas oportunidades.<\/p>\n<p>Para un potrillo, ganar el Kentucky Derby significa colocar su nombre al lado de verdaderos gigantes del turf, como Secretariat \u2013considerado como el mejor caballo de carrera de todos los tiempos\u2013, Sir Barton, War Admiral, Citation, Northern Dancer, Seattle Slew, Affirmed, Sunday Silence y los recientes triplecoronados American Pharoah y Justify. Adem\u00e1s, la victoria en el Derby eleva exponencialmente el valor comercial del ejemplar ganador, que puede cotizarse por encima de los USD 50 millones. Tambi\u00e9n se aprecian las cotizaciones del padrillo, la yegua madre y toda la familia del derbywinner. Am\u00e9n por supuesto de lo que implica en el palmar\u00e9s de sus conexiones: desde el jinete y preparador hasta el propietario y criador. El Kentucky Derby es, literalmente, un evento feliz que te cambia la vida para siempre.<\/p>\n<p>Todos mis intentos por ingresar al Paddock, uno de los lugares m\u00e1s emblem\u00e1ticos de Churchill Downs, hab\u00edan sido infructuosos. Pese a que mi credencial dec\u00eda expresamente Paddock Runway, los agentes de seguridad con los que me topaba en los accesos correspondientes me negaban sistem\u00e1ticamente el paso. Deb\u00eda tener un pin especial, me dec\u00edan. Sin embargo, descubr\u00ed que si ven\u00eda caminando desde la pista de carrera, por el t\u00fanel que la comunica con el Paddock, los controles se relajaban. M\u00e1s a\u00fan si lo hac\u00eda con pasos firmes y decididos, como si fuese algo que hiciese todos los d\u00edas. As\u00ed, pude colarme en el famoso Paddock, justo debajo de las <em>Twin Spires<\/em>.<\/p>\n<p>Era una rotonda perfecta, con veinte pesebreras espaciosas y una calzada muy amplia que bordeaba un jard\u00edn central. Cada pesebrera contaba con su propio monitor en lo alto, aparte de los dos grandes tableros electr\u00f3nicos ubicados en los extremos opuestos del Paddock. Se respiraba un ambiente electrizante. Los caballos que daban vueltas, el personal de seguridad encargado de contener a la gente. Los sombreros. Y, sobre todo, el nervio previo a la carrera. Vi personas tom\u00e1ndose fotos, varias de ellas muy avanzadas en tragos. Unas muchachas rubias en sendos vestidos rosados lanzaban gritos hist\u00e9ricos. Tambi\u00e9n alcanc\u00e9 a ver a Bob Baffert ensillar a un ejemplar. Luego vinieron los jinetes y montaron a sus respectivas cabalgaduras. Sal\u00ed caminando detr\u00e1s de los caballos, junto con el resto de las personas. Pero cuando llegu\u00e9 a la pista de carrera, la hab\u00edan cerrado con una tranca y resultaba imposible pasar. Comprend\u00ed que deb\u00eda salir del Paddock antes de que lo hiciese el \u00faltimo caballo si quer\u00eda ver la carrera en primera fila, parado en la pista. Felizmente me pas\u00f3 aqu\u00ed, pens\u00e9, y no en las Oaks. O en el Derby mismo.<\/p>\n<p>A diferencia del Kentucky Derby, las Oaks est\u00e1n reservadas exclusivamente para potrancas de tres a\u00f1os, por lo que ning\u00fan potrillo puede correrla. Su nombre oficial es Kentucky Oaks y su concepci\u00f3n original estuvo inspirada en la no menos famosa Epsom Oaks, la carrera inglesa destinada para potrancas que se disputa un d\u00eda antes del Epsom Derby. Las Kentucky Oaks se corren sobre 1800 metros, esto es, 200 metros menos que el Derby. Y, al igual que su par inglesa, se programa un d\u00eda antes del Derby, el viernes previo al primer s\u00e1bado de mayo de cada a\u00f1o. La potranca ganadora recibe tambi\u00e9n una guirnalda, pero no es de rosas sino de lirios o azucenas (\u201c<em>lilies<\/em>\u201d), conocida coloquialmente como \u201c<em>Lilies for the Fillies<\/em>\u201d, lirios para las potrancas.<\/p>\n<p>Ahora bien, las Oaks tienen muy poco que envidiarle al Derby. Con m\u00e1s de cien mil asistentes, es la tercera carrera con mayor p\u00fablico en los Estados Unidos, solo superada por el Kentucky Derby y el Preakness Stakes, y muy por delante de pruebas tan ic\u00f3nicas como el Belmont o el Travers Stakes, e incluso la propia serie de la Breeders\u2019 Cup. Adem\u00e1s, las Oaks ejercen un gran poder de convocatoria: pr\u00e1cticamente la totalidad de los asistentes a Churchill Downs llevan puesto algo de color rosado, como una forma de sensibilizar la lucha contra el c\u00e1ncer de mama y rendir homenaje a las mujeres que lo han enfrentado. Ello llega a su punto m\u00e1s emotivo con el Survivors Parade, un desfile que tiene lugar en la propia pista de carrera antes de la disputa de las Oaks y que est\u00e1 compuesto por mujeres que vencieron al c\u00e1ncer, seleccionadas mediante convocatorias y nominaciones p\u00fablicas.<\/p>\n<p>El clima hab\u00eda ido empeorando. El sol t\u00edmido que nos acompa\u00f1aba desde temprano desapareci\u00f3 y unas nubes cada vez m\u00e1s negras se apoderaban del horizonte. De pronto, tras correrse la d\u00e9cima carrera y cuando restaban unos cincuenta minutos para las Oaks, el cielo se cerr\u00f3 por completo y se desat\u00f3 un diluvio. Todas las instalaciones de Churchill Downs se vaciaron de inmediato. Por las pantallas se anunciaba el riesgo de una tormenta el\u00e9ctrica y se urg\u00eda a todos guarecerse bajo techo. Corr\u00ed de regreso a la sala de prensa. Se hab\u00edan hecho realidad los pron\u00f3sticos de mal tiempo que ven\u00edamos escuchando desde d\u00edas atr\u00e1s.<\/p>\n<p>Habremos estado encerrados en la sala de prensa una media hora, quiz\u00e1s m\u00e1s. No dejaba de ser una sensaci\u00f3n ancestral, profundamente humana: la tribu refugiada en la caverna, ante las inclemencias de la naturaleza. Por momentos, cre\u00ed que la reuni\u00f3n pod\u00eda suspenderse y que las Oaks tendr\u00edan que reprogramarse. Sin embargo, la tormenta pas\u00f3 relativamente pronto. Apareci\u00f3 el mismo sol timorato que hab\u00edamos tenido el resto del d\u00eda y las pantallas anunciaron el levantamiento de las restricciones. Entonces decid\u00ed estirar las piernas. Quer\u00eda respirar ese aire supuestamente renovado que deja la lluvia cuando escampa. Pero, al salir, vi lo que verdaderamente nos hab\u00eda dejado la tormenta. La pista de arena, el escenario de las Oaks, era ahora un lodazal.<\/p>\n<p>Pens\u00e9 que tal vez deb\u00eda regresar a la sala de prensa y ver las Oaks en alguno de sus televisores de alta resoluci\u00f3n, sin despeinarme, incluso tom\u00e1ndome una Coca Cola. Sin embargo, hice justamente lo contrario. Casi conteniendo la respiraci\u00f3n, di unos pasos por esa ci\u00e9naga que era la pista de arena, lo m\u00e1s pegado posible a la baranda, la mano bien apoyada en ella. Quer\u00eda llegar al lugar que hab\u00eda elegido m\u00e1s temprano, cuando todo estaba seco, para ver las Oaks en primera fila, parado al ras de la pista. Pero ahora la pista era un concierto de barro. No llevaba botas ni zapatos especiales y estaba echando a perder mis pantalones. Peor a\u00fan, pod\u00eda resbalarme patas arriba en cualquier momento. Finalmente, llegu\u00e9 como buenamente pude. Me ubiqu\u00e9 al lado de un pu\u00f1ado de personas, entre periodistas, fot\u00f3grafos y personal del hip\u00f3dromo. No quise correr m\u00e1s riesgos y me qued\u00e9 ah\u00ed, a unos cien metros de la meta, justo antes del ingreso al Paddock. En pleno fango. Entonces comenzaron a llegar las potrancas que correr\u00edan las Oaks.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las Oaks permiten un m\u00e1ximo de catorce participantes inscritas. Al igual que en el Derby, para clasificar las potrancas deben acumular puntos en carreras previas que van desde setiembre del a\u00f1o anterior hasta abril, un mes antes. Por ello, puede afirmarse que no hay carrera en todo el calendario cl\u00e1sico americano m\u00e1s importante para las potrancas que las Oaks. Pero, a diferencia del Kentucky Derby, que conforma la Triple Corona junto con el Preakness y el Belmont Stakes, no existe una Triple Corona para las hembras.<\/p>\n<p>Junto con el Derby, las Oaks se corren ininterrumpidamente desde 1875. A lo largo de sus 151 a\u00f1os de historia, su cuadro de honor registra brillantes ganadoras. Destaca Rachel Alexandra, que gan\u00f3 las Oaks por m\u00e1s de veinte cuerpos y luego derrot\u00f3 a los machos en el Preakness. Tambi\u00e9n Rags To Riches, que tras ganar las Oaks venci\u00f3 al campe\u00f3n Curlin en el Belmont. Y siguen nombres como los de Open Mind, Ashado, Monomoy Girl, Untapable y Thorpedo Anna, Caballo del A\u00f1o 2024. Este a\u00f1o 2025, todos los ojos estaban puestos en la gran favorita Good Cheer, una hija de Medaglia D\u2019Oro, que defend\u00eda las sedas del Godolphin y que estaba invicta en seis presentaciones.<\/p>\n<p>Good Cheer era una casta\u00f1a con un rayo blanco que le atravesaba la frente. La vi pasar a mi lado, tomada de la brida por dos vareadores, mientras la llevaban a ensillar. No intent\u00e9 seguirla. Ni a ella ni al resto de las potrancas, que desaparec\u00edan una tras otra por el t\u00fanel que comunicaba la pista de carrera con la rotonda del Paddock. Permanec\u00ed parado sobre mi sitio, bien pegado a la baranda, junto con los dem\u00e1s periodistas. Pude ver c\u00f3mo un tractor coloc\u00f3 el partidor tan solo a unos cien metros de donde nos encontr\u00e1bamos. Al poco rato, llegaron los ponis escolta<em>, <\/em>montados por jinetes con casacas de un rosado muy tenue. Se ubicaron a mi costado y yo pensaba que cualquiera de ellos podr\u00eda soltarme una coz. Entonces volvieron a salir las potrancas a la pista, esta vez montadas por sus respectivos jockeys. Cada poni escolta fue a buscar a una potranca diferente. Comenzaba el Post Parade, el desfile previo a la carrera. Observ\u00e9 detenidamente a todas las participantes. Volv\u00ed a ver a Good Cheer. Le hab\u00edan puesto unas anteojeras blancas, que le cubr\u00edan por completo el rayo de la frente. Su favoritismo era abrumador: pagaba en la proporci\u00f3n de 6 a 5. Ni en el Kentucky Derby hab\u00eda un favorito tan cantado como ella.<\/p>\n<p>A la hora de la verdad, Good Cheer fue una exhalaci\u00f3n. La largada se dio en medio del timbrazo sonoro del partidor y un estruendo general en todo Churchill Downs. Los que est\u00e1bamos al ras de la pista nos acuclillamos, para no tapar la visibilidad de quienes ten\u00edamos detr\u00e1s. Vi al pelot\u00f3n de potrancas acercarse, antes de pasar por primera vez frente a la meta. Incluso hice algunas tomas con la c\u00e1mara de mi celular. Good Cheer se coloc\u00f3 a medio grupo, a unos cinco cuerpos de las punteras. Luego tuve que seguirla por la pantalla gigante. La ubicaba sin problemas, por los colores azules del Godolphin y las anteojeras blancas. En la recta opuesta mantuvo su ritmo y al girar la \u00faltima curva ya se hab\u00eda colocado a tiro; entr\u00f3 al derecho por fuera de todas, cubierta por completo de barro. Volv\u00ed a mirar la pista. Good Cheer domin\u00f3 sin oposici\u00f3n a sus rivales y comenz\u00f3 a separarse, a la par que las tribunas enloquec\u00edan. Cruz\u00f3 la meta con tres cuerpos de ventaja, mientras las dem\u00e1s llegaban regadas. Qu\u00e9 rica potranca, pens\u00e9. Invicta, s\u00f3lida y lujosa. Por muy lejos, la mejor.<\/p>\n<p>Cuando regres\u00f3 Good Cheer, todos los fot\u00f3grafos y hombres de prensa nos hab\u00edamos apostado en la pista de c\u00e9sped, frente al c\u00edrculo de vencedores. Para llegar ah\u00ed, tuve que cruzar transversalmente la pista de arena y v\u00e9rmelas con el fango, los charcos de agua, el barro y el lodo. Pero la vista era magn\u00edfica: un Churchill Downs con las tribunas abarrotadas, completamente de rosa. La vi a Good Cheer dando vueltas, con la guirnalda de lirios colocada en la cruz y el jinete paname\u00f1o Luis S\u00e1ez en lomos. Una nube de fot\u00f3grafos, allegados y curiosos la rodeaba. Alcanc\u00e9 a distinguir a Brad Cox, el joven preparador de Good Cheer, con una gorrita en la cabeza. Dej\u00e9 de prestarles atenci\u00f3n y alc\u00e9 los ojos al cielo de Louisville, cargado de nubes negras. El pron\u00f3stico no era nada alentador para el d\u00eda siguiente, el Derby Day. Aun as\u00ed, yo esperaba que saliese un sol radiante y esplendoroso.<\/p>\n<p>Desde el a\u00f1o 2013, se implement\u00f3 un sistema de clasificaci\u00f3n para correr el Kentucky Derby basado en puntos. Se le denomina <em>Road to the Kentucky Derby.<\/em> O, lo que es lo mismo, la ruta al Derby. Est\u00e1 compuesto por una serie de carreras selectivas que se dividen en varias etapas y que otorgan puntaje a los cinco primeros lugares, el cual var\u00eda en funci\u00f3n a la importancia de la carrera y a cu\u00e1n cercano en el tiempo se encuentre el Derby. Las carreras selectivas se disputan en su ampl\u00edsima mayor\u00eda en los Estados Unidos (la ruta americana), entre las que destacan el Florida Derby y el Santa Anita Derby, que otorgan 100 puntos al ganador. Pero tambi\u00e9n hay carreras selectivas en Jap\u00f3n (la llamada ruta japonesa), as\u00ed como en pa\u00edses como Emiratos \u00c1rabes Unidos, Inglaterra, Irlanda y Francia, que se nuclean en la ruta Europa\/Medio Oriente y cuya m\u00e1xima prueba es el UAE Derby, con 100 puntos al primero.<\/p>\n<p>Si se toma en cuenta que el Kentucky Derby solo tiene veinte plazas disponibles (as\u00ed como dos suplentes), un potrillo debe totalizar 50 puntos o m\u00e1s para tener garantizado un lugar en el partidor. Entre 40 y 49 puntos, las posibilidades de tomar parte en el Derby son muy altas, aunque siempre podr\u00eda haber sobresaltos. Pero con menos de 40 puntos, el potrillo estar\u00e1 en la famosa <em>\u201cbubble\u201d <\/em>o burbuja, a la espera de la deserci\u00f3n de alguno de los titulares, generalmente por lesi\u00f3n. Sin embargo, estas cifras son relativas y pueden variar de un a\u00f1o a otro. Por ejemplo, el potrillo Rich Strike fue inscrito como suplente en el Derby del 2022, tan solo con 21 puntos. Ante el retiro a \u00faltimo minuto del titular Ethereal Road, Rich Strike entr\u00f3 en la n\u00f3mina oficial un d\u00eda antes y termin\u00f3 ganando de atropellada, dando una tremenda sorpresa.<\/p>\n<p>La ma\u00f1ana del s\u00e1bado, el d\u00eda del Kentucky Derby, amaneci\u00f3 mucho peor de lo esperado. El cielo estaba completamente encapotado y llov\u00eda sin misericordia. Era una lluvia tenaz, intolerante con los peatones, que dejaba charcos y lagunas por todas partes. Llegu\u00e9 muy temprano al Kentucky Expo Center, para aprovechar el servicio de buses que iban a Churchill Downs. Quer\u00eda instalarme a primera hora en la sala de prensa. Bajo una cortina de agua, sub\u00ed al primer bus disponible. Iba repleto de gente cuando parti\u00f3 rumbo al hip\u00f3dromo. La lluvia segu\u00eda golpeando las lunas del veh\u00edculo mientras surcaba las calles de un Louisville fantasmal. Las esperanzas de tener un d\u00eda luminoso y despejado, incluso la ilusi\u00f3n de ver reaparecer el t\u00edmido sol del viernes, estaban perdidas de antemano.<\/p>\n<p>Al llegar a Churchill Downs, la situaci\u00f3n no hab\u00eda mejorado. La lluvia arreciaba. Y, a diferencia del d\u00eda anterior, esta vez yo llevaba una mochila al hombro, por lo que me toc\u00f3 hacer la cola para el registro de seguridad correspondiente. Aguant\u00e9 la lluvia sin chistar, mientras la cola avanzaba a paso de procesi\u00f3n. Lament\u00e9 no tener a la mano uno de esos impermeables o ponchos de pl\u00e1stico que llevaban otras personas, o una capucha para cubrirme la cabeza. Y era imposible pensar en un paraguas: est\u00e1n estrictamente prohibidos en Churchill Downs durante la semana del Derby.<\/p>\n<p>Una vez dentro, me fui directo a la sala de prensa. El d\u00eda era tan oscuro que no parec\u00eda que reci\u00e9n estuviese despuntando la ma\u00f1ana: todo ten\u00eda un aspecto crepuscular, casi l\u00fagubre. Cruc\u00e9 el patio central, plagado de charcas y pozas de agua. En uno de los puestos ubicados al paso, cubierto por unos pl\u00e1sticos transparentes, compr\u00e9 al vuelo el Daily Racing Form. Luego entr\u00e9 a la sala de prensa. Tal como me tem\u00eda, la encontr\u00e9 reventando de periodistas, camar\u00f3grafos y fot\u00f3grafos. De bote a bote. Hab\u00eda una fuerte presencia de periodistas japoneses: ven\u00edan a cubrir la participaci\u00f3n de Luxor Caf\u00e9 y Admire Daytona, los dos potrillos provenientes de Jap\u00f3n que corr\u00edan el Derby. Tom\u00e9 el programa oficial. La car\u00e1tula era celeste y ten\u00eda una representaci\u00f3n pict\u00f3rica de los caballos al pasar por la primera curva, con las <em>Twin Spires <\/em>de fondo. Luego busqu\u00e9 d\u00f3nde sentarme. De milagro, encontr\u00e9 disponible el mismo sitio que hab\u00eda usado el d\u00eda anterior. Me dej\u00e9 caer sobre la silla. Pese a la lluvia y al mal tiempo, estaba listo para empezar el Derby Day.<\/p>\n<p>El favorito en el Kentucky Derby 2025 era el potrillo Journalism. Se trataba de un hijo de Curlin, que llegaba con un palmar\u00e9s impresionante, fruto de una corta campa\u00f1a en California. Bajo la preparaci\u00f3n de Michael McCarthy, Journalism gan\u00f3 cuatro de cinco carreras, incluyendo el San Felipe Stakes y el Santa Anita Derby, este \u00faltimo tras superar problemas en el recorrido. Si bien no contaba con un favoritismo aplastante como el de Good Cheer en las Oaks, Journalism aparec\u00eda claramente como el potrillo a vencer.<\/p>\n<p>La \u00fanica duda era si el hijo de Curlin podr\u00eda superar los problemas de tr\u00e1fico que inevitablemente surgen con veinte competidores en la pista. En sus \u00faltimas actuaciones, Journalism hab\u00eda enfrentado apenas cuatro rivales en cada carrera. Ahora le plantar\u00edan cara diecinueve potrillos. Pero se confiaba en que su jinete Umberto Rispoli, jockey italiano afincado hac\u00eda cinco a\u00f1os en Estados Unidos, pudiese guiarlo sin problemas hacia la victoria en el Derby.<\/p>\n<p>Continuaba ingresando el p\u00fablico a Churchill Downs y todos trataban de ponerse a buen recaudo de la lluvia lo m\u00e1s pronto posible. Yo me hab\u00eda parado en la puerta del Parlay que daba al patio central, frente al Museo del Kentucky Derby. El Museo se encontraba cerrado: suele estarlo durante la semana del Derby. Pero su tienda oficial estaba abierta. La gente caminaba con prisa: llevaban capuchas, impermeables, cubiertas de pl\u00e1stico. Muchas personas entraban a la tienda del Museo. Yo dudaba entre regresar a mi sitio en la sala de prensa o cruzar bajo esa ducha inopinada que me separaba de la tienda. Al final, en dos saltos apurados cruc\u00e9.<\/p>\n<p>Es impresionante toda la parafernalia que gira en torno al Kentucky Derby. Si bien es cierto que nadie les gana a los americanos en marketing, lo que vi realmente super\u00f3 mis expectativas. Sombreros y fascinadores de diversos estilos, desde los cl\u00e1sicos y refinados hasta los m\u00e1s rimbombantes. Corbatas, pa\u00f1uelos, boinas y bolsos con dise\u00f1os de rosas. Camisas, chaquetas, vestidos floreados y polerones con el logo del Derby, as\u00ed como estampados tem\u00e1ticos. Vasos conmemorativos. Copas grabadas. El p\u00f3ster oficial, coleccionable a\u00f1o tras a\u00f1o. Libros, revistas, postales, l\u00e1minas hist\u00f3ricas y fotos autografiadas. R\u00e9plicas del trofeo del Derby. DVDs y documentales. Pero hab\u00eda m\u00e1s. Peluches para ni\u00f1os, juegos infantiles, rompecabezas tem\u00e1ticos. Mantas, cojines y vajilla decorativa. Productos ecuestres, art\u00edculos de cuero y fustas. Botas de jinete. Aparte de llaveros, pines, souvenirs, magnetos, tazas y vinchas. Hasta productos para mascotas. Debe ser, largamente, uno de los cat\u00e1logos en merchandising m\u00e1s variados del deporte mundial.<\/p>\n<p>Al dejar la tienda, medio aturdido a\u00fan, comprob\u00e9 que hab\u00eda cesado la lluvia. El cielo segu\u00eda nublado, pero al menos era una tregua. Fui a dar una vuelta y explorar Churchill Downs. Pese al mal tiempo, cada vez llegaba m\u00e1s y m\u00e1s gente. Se notaba que era el Derby Day: los trajes encopetados de los hombres, los vestidos fragantes de las mujeres, los sombreros. Rode\u00e9 el edificio semicircular del Paddock y llegu\u00e9 a la estatua de Aristides, frente a la puerta de acceso general, apenas unos metros fuera del hip\u00f3dromo. Es una estatua de bronce que representa a un purasangre al galope, ligeramente m\u00e1s grande que el tama\u00f1o natural. Los reci\u00e9n llegados se tomaban fotos con ella, incluso formaban cola. Luego supe que originalmente estaba en los jardines del Clubhouse. Pero su ubicaci\u00f3n actual la hac\u00eda lucir mucho mejor. Ahora es la primera atracci\u00f3n tur\u00edstica con la que se encuentran los visitantes de Churchill Downs.<\/p>\n<p>El gran rival del favorito Journalism se llamaba Sovereignty, un potrillo muy serio que defend\u00eda las sedas del Godolphin. Eran los mismos colores de Good Cheer, de propiedad del Sheikh Mohammed bin Rashid Al Maktoum, primer ministro y gobernador de Dub\u00e1i. Bastaba revisar la campa\u00f1a previa de Sovereignty para calibrar la opci\u00f3n que aportaba. A diferencia de Journalism, Sovereignty ya conoc\u00eda la pista de Churchill Downs: a fines de octubre, derrot\u00f3 a Tiztastic y Sandman, ambos tambi\u00e9n presentes en el Derby. Su preparador Bill Mott decidi\u00f3 entonces llevarlo con calma. Cuatro meses despu\u00e9s, Sovereignty reapareci\u00f3 ganando el Fountain of Youth Stakes. A rengl\u00f3n seguido lleg\u00f3 segundo en el Florida Derby, una carrera sin desarrollo aparente pero que le sirvi\u00f3 para ponerse a punto de cara al Kentucky Derby.<\/p>\n<p>El consenso general era que Sovereignty llegaba a la distancia y ten\u00eda pulm\u00f3n para regalar. Sin embargo, al igual que Journalism, pod\u00eda encontrar problemas de tr\u00e1fico. Pero hab\u00eda factores que jugaban a su favor. Por un lado, regresaba a las manos de su jinete habitual, el venezolano Junior Alvarado. Y, por otro lado, estaba el hecho de que el Derby se correr\u00eda fuerte desde la partida, lo que abrir\u00eda camino a su potente atropellada.<\/p>\n<p>Frente al Museo, justo al lado del Parlay, comienza el Starting Gate Pavillion. Es la parte de las tribunas que se levantan muy cerca de la \u00faltima curva, al inicio de la recta final, con una vista inmejorable del partidor en el Derby. Dispuesto a caminar hasta donde me lo permitiesen, me aventur\u00e9 por ah\u00ed. Cruc\u00e9 sin problemas los puntos de control y me fui directo hacia la pista de carrera. La lluvia hab\u00eda hecho estragos. La pista brillaba por el agua; todo lo dem\u00e1s estaba mojado y resbaladizo. Incluso los asientos verdes de la explanada. Lo peor era que el cielo segu\u00eda cargado de nubes negras: volver\u00eda a llover en cualquier momento. Al otro lado de la pista, vi el infield, lo que vendr\u00eda a ser la pelouse. Le pregunt\u00e9 c\u00f3mo llegar a uno de los encargados de seguridad. Me dijo que deb\u00eda regresar al Grandstand y cruzar el t\u00fanel que corre bajo la pista de carrera.<\/p>\n<p>No me cost\u00f3 trabajo encontrar el t\u00fanel. El acceso era libre, nadie me pidi\u00f3 credencial alguna. Camin\u00e9 a trav\u00e9s de un pasadizo subterr\u00e1neo relativamente angosto, pero bien iluminado. Una vez en el infield, mir\u00e9 a derecha e izquierda. No sab\u00eda por d\u00f3nde empezar; parec\u00eda un gran parque de atracciones a cielo abierto. Comenc\u00e9 por las grader\u00edas port\u00e1tiles frente a la pista de carrera, muy cerca de la curva final. Las llaman <em>Turf Bleachers<\/em>. Sub\u00ed por unas escaleras medio temblorosas, con charcos de agua en sus escalones. Si me ca\u00eda, no la contaba. Pero al llegar arriba y ubicarme de pie en alguno de los asientos disponibles, la vista de Churchill Downs pag\u00f3 con creces el riesgo. Las <em>Twin Spires <\/em>como marco<em>, <\/em>las tribunas sostenidas por pilotes o columnas, la gente que empezaba a abarrotar las instalaciones. Y no solo eso. Desde aquella ubicaci\u00f3n, se ten\u00eda una vista privilegiada de la \u00faltima curva. Sub\u00ed a lo m\u00e1s alto: tambi\u00e9n se ve\u00eda la recta opuesta. Era tan buena la vista, tan diferente, que me propuse regresar m\u00e1s tarde para ver al menos una carrera desde ah\u00ed.<\/p>\n<p>Segu\u00ed andando por el infield. Al llegar mucho m\u00e1s cerca de la meta, una pareja elegante me adelant\u00f3. Los dos iban muy perfumados y se dirigieron hacia unas instalaciones levantadas frente a la pista. Subieron por las escaleras. Yo tambi\u00e9n lo hice, de puro curioso. Se trataba de una suerte de suites privadas, para grupos grandes de personas y con balcones que daban a la pista de carrera. A\u00fan era temprano y varias de las suites estaban desocupadas. Pero, en todas ellas, el personal de servicio ya se encontraba trabajando: cocineros, mozos, anfitriones. Dud\u00e9 unos minutos. Luego entr\u00e9 a una de las suites que estaba libre. Salud\u00e9 al personal, como si me esperasen. Pas\u00e9 por un comedor con fuentes de comida, barra de tragos y un ramo de rosas rojas en cada mesa. Tras cruzar unas mamparas de vidrio, llegu\u00e9 al \u00e1rea del balc\u00f3n. Ten\u00eda hasta tres niveles, cada nivel con su respectivo estante para colocar platos, vasos o copas. El suelo hab\u00eda sido cubierto por una alfombra verde. Y, al frente, un primer plano magn\u00edfico del c\u00edrculo de vencedores, la pista y las tribunas. Incluso aprovech\u00e9 para presenciar desde ah\u00ed la llegada de la segunda o tercera carrera del programa. Mucho m\u00e1s tarde, me enter\u00e9 de que hab\u00eda estado en una de las llamadas Turf Suites, con capacidad individual para 80 invitados, todo incluido y con precios desde USD 275,000 d\u00f3lares por el derecho de usarlas durante una determinada cantidad de a\u00f1os.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, di una larga vuelta por el campo del infield. Me embarr\u00e9 los zapatos miserablemente mientras iba hacia la zona desde la que se puede apreciar en toda su extensi\u00f3n el First Turn Club, esa nueva tribuna levantada detr\u00e1s de la primera curva. Algunas personas hab\u00edan tra\u00eddo sus propias sillas y estaban sentadas frente a la pista de carrera, cubiertas por impermeables de pl\u00e1stico. Tambi\u00e9n vi una camioneta Ford colocada sobre un estrado. Regres\u00e9 por donde vine. En uno de los ba\u00f1os, trat\u00e9 de limpiar mis zapatos. Luego segu\u00ed caminando. Hab\u00eda m\u00e1quinas de apuestas, concesionarios de comidas y bebidas, incluso una feria con tiendas de ropa y productos varios. Al fondo se alzaba un estrado colosal, listo para el desarrollo de alg\u00fan concierto. Desist\u00ed de acercarme por los charcos de agua y el c\u00e9sped crecido. Volv\u00ed mis pasos hacia los <em>Turf Bleachers<\/em>, las grader\u00edas port\u00e1tiles que visit\u00e9 cuando reci\u00e9n llegu\u00e9 al infield. Se iba a correr la siguiente carrera y quer\u00eda verla desde aquella ubicaci\u00f3n privilegiada.<\/p>\n<p>Uno de los participantes del Derby que mayor carisma ten\u00eda era el tordillo Sandman. Due\u00f1o de un biotipo impresionante, Sandman hab\u00eda sido adquirido en m\u00e1s de un mill\u00f3n de d\u00f3lares, debido a su estupendo pedigr\u00ed: hijo del jefe de raza Tapit y familia directa de Mystic Guide, ganador de la Dubai World Cup. Si a ello se le sumaba su pelaje blanco, tan llamativo, la combinaci\u00f3n resultaba perfecta para atraer todas las miradas. Pero no solo se trataba de sangre y f\u00edsico. Sandman pose\u00eda una campa\u00f1a que lo respaldaba. Tercero en el Street Sense y en el Rebel Stakes, segundo en el Southwest Stakes y ganador del Arkansas Derby, Sandman era el t\u00edpico potrillo al que le faltaba distancia y atropellaba tarde, comi\u00e9ndose la cancha en los \u00faltimos metros. Ahora, en los 2000 metros del Kentucky Derby, el hijo de Tapit pod\u00eda sentirse c\u00f3modo y pasar de largo.<\/p>\n<p>No obstante, el problema de Sandman era el mismo de Sovereignty y, en cierta medida, del propio Journalism. Con tantos potrillos en la partida, pod\u00eda enredarse en los primeros tramos, ser estorbado y quedar mal barajado. Se tem\u00eda que su atropellada apareciese cuando ya todo estuviese decidido. Pese a ello, sus parciales confiaban ciegamente en el tordillo. Si hab\u00eda un desarrollo violento, Sandman los pillaba al final.<\/p>\n<p>Tras salir del infield, me dirig\u00ed al flamante First Turn Club. Cruc\u00e9 las instalaciones del Granstand y sal\u00ed por las puertas de acceso del Clubhouse. A esa hora del d\u00eda, poco antes de la una de la tarde, Churchill Downs ya era un loquer\u00edo. Gente por todas partes, vestidos floreados, sombreros extravagantes. Me abr\u00ed paso entre la multitud. Al poco rato, ten\u00eda al frente a la reluciente construcci\u00f3n del First Turn Club, con un techo voladizo que proteg\u00eda sus tribunas de cualquier amenaza de lluvia. Mi primera impresi\u00f3n fue que se trataba de un desprop\u00f3sito. \u00bfA qui\u00e9n se le ocurre levantar semejante tribuna justo al frente de una curva? \u00bfQui\u00e9n en su sano juicio pagar\u00eda una entrada \u2013car\u00edsima, adem\u00e1s\u2013 para no tener un \u00e1ngulo favorable de la meta? M\u00e1s all\u00e1 de que Churchill Downs es una peque\u00f1a ciudad en permanente construcci\u00f3n \u2013est\u00e1n pensando ahora en unas terrazas en el infield\u2013, esta vez me pareci\u00f3 que con el First Turn Club se les hab\u00eda ido la mano.<\/p>\n<p>Mostr\u00e9 mi credencial y entr\u00e9 sin problemas. Sub\u00ed por unas escaleras mec\u00e1nicas largu\u00edsimas, a trav\u00e9s de un espacio semiabierto por el que corr\u00eda un viento helado. Cuando llegu\u00e9 arriba, tuve que tragarme mis palabras. La vista era espectacular. Visto desde ese \u00e1ngulo, Churchill Downs parec\u00eda un coliseo romano moderno, con las tribunas del Grandstand y las <em>Twin Spires <\/em>a un lado, y al otro el \u00f3valo perfecto de la pista en su total dimensi\u00f3n. En todos los a\u00f1os que llevo como aficionado h\u00edpico, no hab\u00eda visto jam\u00e1s algo semejante. Si bien no ten\u00eda un buen \u00e1ngulo en relaci\u00f3n con la l\u00ednea de meta, ello era compensado con la visi\u00f3n panor\u00e1mica y completamente inusual para un hip\u00f3dromo que ofrec\u00eda el First Turn Club: como si fuese un estadio circular, visto desde las tribunas populares. Tanto as\u00ed, que me qued\u00e9 a ver la siguiente carrera. Fue una experiencia diferente y una lecci\u00f3n de modestia, igual que si viese por primera vez una competencia h\u00edpica. Y si tomamos en cuenta que el Kentucky Derby es mucho m\u00e1s que una carrera de caballos, podemos concluir que la construcci\u00f3n del First Turn Club no solo est\u00e1 justificada: es una idea brillante.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Junto con el Prix de l\u2019Arc de Triomphe en Francia, el Kentucky Derby es una de las pocas carreras estelares que la poderosa h\u00edpica japonesa a\u00fan no ha podido conquistar. Pero cada vez est\u00e1 m\u00e1s cerca de lograrlo: con Forever Young llegaron terceros en el Derby del 2024, apenas a media cabeza. Es tanto el entusiasmo mostrado que, desde el a\u00f1o 2017, se incluy\u00f3 como parte del <em>Road to the Kentucky Derby <\/em>a la denominada ruta japonesa. Se trata de una serie de pruebas selectivas que se corren exclusivamente en Jap\u00f3n y que otorgan un cupo para el Derby. No obstante, los japoneses suelen enviar hasta dos representantes al Kentucky Derby, al competir tambi\u00e9n \u2013y con singular \u00e9xito\u2013 en el UAE Derby, que forma parte de la ruta Europa\/Medio Oriente.<\/p>\n<p>Este a\u00f1o, Jap\u00f3n volv\u00eda a hacerse presente en el Derby con dos participantes: Luxor Caf\u00e9 y Admire Daytona. Si bien ninguno de los dos ten\u00eda los pergaminos de Forever Young \u2013que lleg\u00f3 invicto al Derby del a\u00f1o pasado\u2013, hab\u00eda que verlos con respeto. Luxor Caf\u00e9 ven\u00eda de obtener cuatro triunfos consecutivos, incluyendo una impresionante victoria por cinco cuerpos en el Fukuryu Stakes. Se trataba de la principal carta nipona y llevaba la monta del experimentado jinete brasile\u00f1o Joao Moreira, con campa\u00f1a en Hong Kong y Jap\u00f3n. Por su parte, Admire Daytona hab\u00eda ganado el UAE Derby en Dub\u00e1i, al derrotar por nariz al potrillo ingl\u00e9s Heart of Honor. Pero quiz\u00e1s el mejor activo de Admire Daytona era la monta del jinete franc\u00e9s Christophe Lemaire, estrella de la fusta en los hip\u00f3dromos nipones, quien participaba por tercera vez en el Derby. Todo estaba listo para un nuevo intento. \u00bfSer\u00eda esta vez, por fin, la vencida para Jap\u00f3n en la Carrera de las Rosas?<\/p>\n<p>Mi credencial ten\u00eda una letra O may\u00fascula, color blanco sobre fondo naranja. Seg\u00fan el reverso, eso me daba acceso a la mezzanine del s\u00e9timo piso, en el rooftop del Clubhouse. Al volver del First Turn Club, rumbo a la sala de prensa, supuse que ser\u00eda una buena idea buscar ese rooftop. Mir\u00e9 la hora. Eran poco m\u00e1s de las dos de la tarde y el Derby estaba programado para las 7:02pm. Ten\u00eda tiempo de sobra. Y, si se largaba a llover, al menos estar\u00eda bajo techo.<\/p>\n<p>En el camino al Clubhouse hab\u00edan colocado un arreglo floral para tomarse fotos. Del tama\u00f1o de una pared, estaba hecho de rosas rojas y ten\u00eda tanto el logo de Ford como del Kentucky Derby: una rosa rodeada por una herradura. Su \u00e9xito era rotundo. Much\u00edsimas personas hac\u00edan cola y varias c\u00e1maras profesionales en tr\u00edpodes estaban listas para retratar a las celebridades que llegasen. Reanud\u00e9 el paso. Un mar de gente se desplazaba por todas partes y no resultaba f\u00e1cil caminar. Me llam\u00f3 la atenci\u00f3n un hombre vestido con un terno verde, que compensaba su estatura peque\u00f1a con un sombrero estrafalario que ascend\u00eda en espirales hacia el cielo, sembrado de flores, mu\u00f1equitos y animalitos. Varios lo deten\u00edan para tomarse fotos con \u00e9l. Antes de llegar al edificio del Clubhouse, descubr\u00ed la estatua del jinete Pat Day, tama\u00f1o natural, los brazos extendidos al cielo, sobre un pedestal.<\/p>\n<p>Una vez dentro, nadie supo darme raz\u00f3n d\u00f3nde quedaba el rooftop, mucho menos la mezzanine del s\u00e9timo piso. El uso de los ascensores estaba restringido y era tal la cantidad de personas que esperaban en fila, que desanimaba intentarlo. Me qued\u00e9 dando vueltas al interior del Clubhouse. Ten\u00eda la impresi\u00f3n de haber ingresado a los salones y pasillos de una fiesta de carnavales. El hall central estaba repleto de personas que iban y ven\u00edan. Mujeres vestidas como para bailar charlest\u00f3n. Hombres con sacos colgantes de colores chillones y ternos estridentes. Incluso llegu\u00e9 a ver un terno con estampados de caballos y fondo celeste pastel: la libertad americana lo permite todo. En el siguiente nivel, hab\u00eda m\u00fasica en vivo y mesas a discreci\u00f3n. A nadie parec\u00eda importarle las carreras. El d\u00eda del Derby, Churchill Downs se convierte en un gigantesco y multimillonario complejo de restaurantes, bares y palcos, un mega evento social en donde la h\u00edpica y los caballos pueden llegar a ser apenas un decorado adicional, tan ex\u00f3tico como esnob.<\/p>\n<p>Entre los participantes del Derby, hab\u00eda uno que ten\u00eda una historia especial. Su nombre era Coal Battle y estaba pagando en la proporci\u00f3n de 30 por 1. A diferencia de los lujosos pedigr\u00eds de sus rivales de turno, Coal Battle exhib\u00eda un linaje m\u00e1s bien modesto para los c\u00e1nones del Derby. Pero su destape vino en las pistas. Tras ganarse varias carreras en Luisiana y Oklahoma, Coal Battle se impuso en el Smarty Jones y en el Rebel Stakes, en donde adelant\u00f3 a potrillos como Madaket Road y al propio Sandman, que apuntaban al Derby. Coal Battle cerr\u00f3 sus carreras previas con un tercer puesto en el exigente Arkansas Derby y un total de 95 puntos en la clasificaci\u00f3n general.<\/p>\n<p>Ciertamente, no era un encargo f\u00e1cil. Se dudaba que Coal Battle pudiese respirar los 2000 metros del Derby; su pedigr\u00ed tampoco lo respaldaba. Pero nunca nada hab\u00eda sido sencillo para Coal Battle y estaba presente por m\u00e9rito propio. Hab\u00eda que darle cr\u00e9dito, m\u00e1s a\u00fan si llevaba la monta del jinete peruano Juan Pablo Vargas, quien lo hab\u00eda corrido en casi toda su campa\u00f1a.<\/p>\n<p>Antes de regresar al Parlay, me detuve en un puesto de bebidas a la salida del Clubhouse, muy cerca del Paddock. Lo atend\u00eda una muchacha rubia, alta y de piel extremadamente blanca. Llevaba un vestido rojo, estilo pradera, con un escote mucho m\u00e1s sugestivo que generoso, del que colgaba un pin con su nombre: Adelyn. Me mir\u00f3 con sus ojazos celestes. Parec\u00eda la t\u00edpica <em>Southern belle<\/em> de la literatura norteamericana. Una Melanie Hamilton blonda y angelical, que sonre\u00eda y preguntaba con voz suave y susurrante si no deseaba uno de sus mint juleps.<\/p>\n<p>El mint julep es el c\u00f3ctel oficial del Kentucky Derby, as\u00ed como una de las tradiciones sure\u00f1as que m\u00e1s se asocian con la Carrera de las Rosas. Se cree que la costumbre de servirlo en Churchill Downs se remonta hacia el a\u00f1o 1930, probablemente a iniciativa del c\u00e9lebre Matt Winn. Hecho a base de bourbon, hojas de menta, jarabe y hielo picado, el mint julep se sirve tradicionalmente en un vaso de plata muy fr\u00edo, con escarcha en los bordes. Pero en Churchill Downs es servido por lo general en vasos de vidrio coleccionables, e incluso en vasitos de pl\u00e1stico. Se estima que se consumen entre 130 000 y 150 000 mint juleps el fin de semana del Derby. El precio est\u00e1ndar este a\u00f1o hab\u00eda sido fijado en 22 d\u00f3lares. Aunque tambi\u00e9n vend\u00edan un mint julep premium, servido en copas ba\u00f1adas en oro y con sorbetes de plata, elaborado con menta irlandesa, hielo de los Alpes b\u00e1varos y az\u00facar de Australia. Su precio era de mil d\u00f3lares y los fondos recaudados se destinaban a programas de recolocaci\u00f3n de purasangres retirados.<\/p>\n<p>Felizmente, los mint juleps que vend\u00eda Adelyn eran los est\u00e1ndares. Porque si me hubiese ofrecido uno premium, igual se lo compraba. Me llev\u00e9 a los labios el vaso de pl\u00e1stico que Adelyn puso sobre el estante. Sent\u00ed el golpe seco del bourbon y luego un sabor abiertamente vegetal, producto de las hojas de menta. Era un trago potente y refrescante a la vez, un ejemplo cl\u00e1sico de gusto adquirido. Adelyn me miraba y sonre\u00eda, mientras yo segu\u00eda turbado por su vestido rojo encendido y sus hombros peque\u00f1os y n\u00edveos. Al terminar el mint julep, Adelyn me pregunt\u00f3 si no deseaba otro. Volv\u00ed a ver su vestido y sus ojazos de belleza sure\u00f1a. Record\u00e9 las cuatrocientas rosas rojas que esperaban por el ganador del Derby. Entonces le dije que s\u00ed, que por supuesto. Otro mint julep, por favor.<\/p>\n<p>Varios potrillos m\u00e1s llegaban al Derby con pergaminos suficientes para reclamar el triunfo. Uno de ellos era Burnham Square, con una s\u00f3lida campa\u00f1a que registraba victorias en el Blue Grass y el Holy Bull Stakes, as\u00ed como un cuarto puesto de Sovereignty en el Fountain of Youth Stakes. Con ello, totaliz\u00f3 130 puntos y era el l\u00edder absoluto de la clasificaci\u00f3n al Derby. Tambi\u00e9n ten\u00eda partidarios Tiztastic, que ven\u00eda de imponerse con autoridad en el Louisiana Derby y que hab\u00eda sabido medirse con los bravos sin desentonar. \u00a0Otro potrillo con pretensiones era Citizen Bull, el campe\u00f3n juvenil del a\u00f1o pasado. Due\u00f1o de unas velocidades innatas, se daba por descontado que ser\u00eda el puntero del Derby y que saldr\u00eda a imponer condiciones desde la partida.<\/p>\n<p>Pero junto a ellos, se alineaba en el partidor Baeza. Era un potrillo poco corrido, que no hab\u00eda logrado el puntaje necesario para clasificar directamente al Derby. Baeza estuvo en la burbuja, inscrito como suplente, hasta dos d\u00edas antes de la carrera. Se le abrieron las puertas cuando se anunci\u00f3 la baja del cotizado Rodriguez. La gran ventaja de Baeza era que se trataba de un juvenil en ascenso, con mucha proyecci\u00f3n. Ven\u00eda de escoltar al propio Journalism en el Santa Anita Derby y ser\u00eda conducido por el jockey franc\u00e9s Flavien Prat, recientemente galardonado con el premio Eclipse al mejor jinete en la temporada 2024.<\/p>\n<p>Faltaba una hora para el Derby y yo estaba parado en primera fila, al ras de la pista, junto al t\u00fanel que la conecta con el Paddock. Exactamente, en el mismo lugar estrat\u00e9gico en el que estuve el viernes, cuando se corrieron las Oaks. El Derby era la siguiente carrera. Varias personas, entre periodistas y personal de Churchill Downs, se hab\u00edan colocado a mi lado Todos aguard\u00e1bamos el Walkover, ese famoso paseo de los caballos participantes y sus propietarios, cuando vienen caminando desde la zona de los establos por la pista de carrera. Ten\u00eda planeado aprovechar el desbarajuste que se arma en ese momento para ingresar junto con todos ellos al Paddock. Una vez ah\u00ed, me quedar\u00eda en la parte externa, sin entrar a la rotonda. Y, apenas los caballos saliesen al Post Parade, montados por sus jinetes, yo saldr\u00eda con los primeros ejemplares, y volver\u00eda a ubicarme al ras de la pista. De esta manera, ver\u00eda todo lo que sucediese en el Paddock y presenciar\u00eda el Derby en primera fila. Era un plan estudiado y probado in situ, con la experiencia previa de las Oaks. Sin fisuras, quer\u00eda creer.<\/p>\n<p>La pista segu\u00eda siendo un lodazal, incluso peor que el d\u00eda anterior. Mientras esperaba que llegase la procesi\u00f3n del Walkover, una delegaci\u00f3n de la Armada americana pas\u00f3 a mi costado, llevando el trofeo del Kentucky Derby y la guirnalda de rosas. El trofeo era sostenido en brazos por un oficial. La guirnalda con las cuatrocientas rosas hab\u00eda sido desplegada cuan larga era sobre una tarima, que cargaban en andas. Cruzaron la pista de arena y se dirigieron al c\u00edrculo de vencedores, detr\u00e1s de la pista de c\u00e9sped. Entonces empez\u00f3 a llover.<\/p>\n<p>Por momentos, pens\u00e9 en resistir bajo la lluvia. Pero, a diferencia de otras personas a mi lado, no llevaba impermeable ni capucha de pl\u00e1stico. Ni siquiera contaba con una gorrita para cubrirme la cabeza. Quise refugiarme en el t\u00fanel del Paddock. Sin embargo, ante la inminencia del Derby, se hab\u00edan redoblado los controles y no me dejaron ingresar. Varios agentes de seguridad cerraban esta vez el paso a tirios y troyanos. En particular, hab\u00eda una vigilante mujer, una se\u00f1ora bajita y de mirada fulminante, que me ten\u00eda entre ceja y ceja. Era implacable como cancerbera y no dejaba pasar a nadie, mucho menos a m\u00ed. De pronto, comenz\u00f3 el Walkover. Los caballos aparecieron a la altura de la primera curva, rodeados por decenas de personas. Ven\u00edan todos hacia el Paddock, mientras sonaba m\u00fasica variada por los altoparlantes del hip\u00f3dromo. Era mi oportunidad. En medio del desorden general, me un\u00ed a la procesi\u00f3n de sombreros, cobertores para lluvia y zapatos embarrados que segu\u00edan a los caballos, rumbo al Paddock. Cuando ya estaba por entrar, la cancerbera bajita volvi\u00f3 a detenerme. Por m\u00e1s que le expliqu\u00e9 que era periodista, que ten\u00eda mi credencial, que deb\u00eda escribir una cr\u00f3nica, no dio su brazo a torcer. Lo peor era que estaba completamente empapado; la lluvia apretaba y no daba visos de parar.<\/p>\n<p>Sopes\u00e9 mi situaci\u00f3n. No ten\u00eda forma de ingresar al Paddock, por lo que no podr\u00eda ver ensillar a los caballos. Tambi\u00e9n me perder\u00eda el famoso Riders\u2019 Up, el llamado a montar a los jinetes que efect\u00faa alguna celebridad, a cargo esta vez de la atleta Simone Biles. Deb\u00eda al menos salvar el Derby. Si permanec\u00eda donde estaba, parado en la pista de carrera para conservar mi sitio en primera fila, pescaba una neumon\u00eda bajo ese aguacero feroz. Y si regresaba a la sala de prensa, cerrar\u00edan el acceso a la pista y perder\u00eda mi ubicaci\u00f3n privilegiada. Adem\u00e1s, por supuesto, del riesgo de resbalarme delante de todo Churchill Downs. Recuerdo que daba vueltas y m\u00e1s vueltas, como animal enjaulado, mientras transmit\u00edan las im\u00e1genes del Paddock por las pantallas gigantes del hip\u00f3dromo. Desesperado por no perder mi sitio, iba a la pista, me mojaba por completo, regresaba bajo techo y luego volv\u00eda nuevamente a la pista. Mis zapatos daban pena, de lo enlodados que andaban. Miraba la hora: los minutos para la partida se hac\u00edan eternos. Cuando estuve a punto de rendirme y regresar a la sala de prensa, mojado como un pollo, de pronto no sent\u00ed m\u00e1s la lluvia. Elev\u00e9 mis manos al cielo: nada. No pod\u00eda creerlo. Hab\u00eda escampado. Entonces comenzaron a sonar las notas de\u00a0<em>My Old Kentucky Home.<\/em><\/p>\n<p>Pocas tradiciones del Kentucky Derby son tan emotivas y esperadas como <em>My Old Kentucky Home<\/em>. La canci\u00f3n es interpretada por la banda de m\u00fasica de la Universidad de Louisville, mientras los caballos ingresan a la pista de carrera montados por sus respectivos jinetes. Las notas musicales se entonan justo antes del inicio del Post Parade: el desfile de los participantes frente a las tribunas, rumbo al partidor. Puede decirse que es el momento culmen previo al Derby, ante la inminencia de la largada. Pero la carga simb\u00f3lica de la canci\u00f3n va mucho m\u00e1s all\u00e1 de la carrera misma.<\/p>\n<p>Escrita en 1852 por el compositor Stephen Foster, <em>My Old Kentucky Home<\/em> es una balada dulzona, inspirada en la novela <em>La caba\u00f1a del t\u00edo Tom <\/em>de Harriet Beecher Stowe. Con un tono melanc\u00f3lico, narra la historia de un esclavo afroamericano que se ve forzado a abandonar la plantaci\u00f3n donde ha vivido toda su vida y recuerda con nostalgia su viejo hogar en Kentucky. La pieza goz\u00f3 de una enorme popularidad desde su lanzamiento, la misma que se mantiene hasta hoy. No exenta de cr\u00edticas por su representaci\u00f3n rom\u00e1ntica del viejo Sur esclavista y su ambig\u00fcedad en lo racial, <em>My Old Kentucky Home<\/em> se ha convertido en un emblema del orgullo sure\u00f1o, la nostalgia por el hogar y el arraigo a la tierra, as\u00ed como la identidad cultural. Y, desde 1928, es la canci\u00f3n oficial del estado de Kentucky.<\/p>\n<p>No est\u00e1 del todo claro cu\u00e1ndo se inici\u00f3 la tradici\u00f3n de interpretar <em>My Old Kentucky Home<\/em> en Churchill Downs, justo antes del Kentucky Derby. Por reportes de los diarios de la \u00e9poca, se cree que fue en 1929 y debi\u00f3 ser otra idea feliz del brillante Matt Winn. De lo que no cabe duda es del impacto que tiene <em>My Old Kentucky Home <\/em>cuando sus notas comienzan a sonar el d\u00eda del Derby. El hip\u00f3dromo se paraliza, se hace un silencio reverencial y el p\u00fablico se pone de pie. Churchill Downs entero entona la melod\u00eda. Y la emoci\u00f3n es tan grande, que muchas personas no pueden contener las l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>Los caballos aparecieron en la pista de carrera, mientras las tribunas continuaban cantando las estrofas de\u00a0<em>My Old Kentucky Home.\u00a0<\/em>La estampa era por dem\u00e1s potente. Un Churchill Downs entregado, bajo el cielo cubierto de nubes. La pista, una piscina de barro. Los veinte potrillos participantes del Derby caminando en fila india, uno detr\u00e1s del otro. Y la amenaza latente de un nuevo chubasco en cualquier momento. Yo hab\u00eda vuelto a mi ubicaci\u00f3n privilegiada, parado en primera fila en la pista de carrera, junto al acceso al Paddock. A cien metros de la meta y a trescientos del partidor, que colocaron en el extremo izquierdo de la recta final. En medio de un griter\u00edo general, hurras y v\u00edtores, comenz\u00f3 el Post Parade. Los caballos se dirigieron primero hacia la meta, dieron una vuelta en U y luego enrumbaron con direcci\u00f3n al partidor, pasando delante de todas las tribunas. Apenas a diez metros de mis narices.<\/p>\n<p>Como manda la tradici\u00f3n en el Post Parade, cada caballo iba acompa\u00f1ado de su respectivo poni escolta. A diferencia de las Oaks, esta vez los jinetes de los ponis escolta\u00a0vest\u00edan casacas negras, con el logo del Kentucky Derby en la espalda. El lote lo encabezaba Citizen Bull, el probable puntero de la carrera, con el n\u00famero 1 en el mandil, muserola azul y anteojeras negras. Me llam\u00f3 la atenci\u00f3n el n\u00famero 5, American Promise, un alaz\u00e1n de imponente alzada. Luego vi al favorito Journalism. Se trataba de un casta\u00f1o precioso, con un lucero blanco en la frente. No suced\u00eda lo mismo con Coal Battle; ten\u00eda un f\u00edsico esmirriado, que no dec\u00eda mucho a primera vista. El tordillo Sandman, por su parte, daba la hora: completamente blanco, con una contextura privilegiada. M\u00e1s atr\u00e1s caminaba Sovereignty, casta\u00f1o de hechuras perfectas, con los cl\u00e1sicos colores azul rey del Godolphin. Y cerraba la marcha Baeza, casaquilla oro y p\u00farpura, anteojeras negras y muserola amarilla. Recuerdo que segu\u00ed mirando a los potrillos largo rato mientras se dirig\u00edan al punto de largada, hasta que desaparecieron detr\u00e1s del partidor. La pista de carrera qued\u00f3 entonces desierta y expectante. Todo estaba listo para los dos minutos m\u00e1s emocionantes del deporte.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>La partida del Kentucky Derby se dio a las 7:05pm; a\u00fan de d\u00eda, pero con nubes oscuras que ensombrec\u00edan malamente el cielo. El partidor estaba doscientos metros m\u00e1s atr\u00e1s que en la carrera de las Oaks, por lo que esta vez no escuch\u00e9 el timbrazo cuando se abrieron las celdas. Acuclillado, vi a los veinte caballos dar el primer salto hacia el lodo de Churchill Downs. Parec\u00eda la carga de un regimiento montado. Como se esperaba, Citizen Bull tom\u00f3 la punta, pegado a los palos. El lote de potrillos se compact\u00f3 y vino hacia nosotros, a galope tendido. No resultaba f\u00e1cil seguirlos. Hab\u00eda much\u00edsima gente a mi alrededor, parada como yo en la pista, y todo el hip\u00f3dromo era una locura: gritos, chillidos. Cuando los caballos pasaron delante de m\u00ed, Citizen Bull llevaba una cabeza de ventaja y el resto de los participantes ven\u00edan encima, prendidos como perros de presa. Imposible identificarlos con precisi\u00f3n: no solo eran demasiados potrillos, sino que se trataba de un aut\u00e9ntico ba\u00f1o de fango.<\/p>\n<p>Al girar la primera curva, levant\u00e9 los ojos hacia la pantalla gigante del Big Board.\u00a0 Citizen Bull por los palos y el potrillo Neoequos por fuera, peleaban la punta. El alaz\u00e1n American Promise se colocaba tercero, delante del japon\u00e9s Admire Daytona. Todo ello, con las tribunas repletas del First Turn Club como tel\u00f3n de fondo. En la recta opuesta, reci\u00e9n pude ubicar a los potrillos cotizados. Ya iban bastante embarrados y apenas se distingu\u00edan sus colores. El favorito Journalism ven\u00eda por fuera, a medio grupo, al lado de Coal Battle. Sovereignty y Sandman, en cambio, corr\u00edan entre los \u00faltimos lugares. A los que no ve\u00eda por ninguna parte eran a Baeza y al japon\u00e9s Luxor Caf\u00e9. Deb\u00edan estar perdidos en el furor de la carrera, tapados por el barro. Mientras se acercaban a la \u00faltima curva, en medio del delirio in crescendo de las tribunas, Journalism comenz\u00f3 a pasar rivales como postes, uno por uno. Pero ya ten\u00eda a Sovereingnty detr\u00e1s, pis\u00e1ndole los talones. A esas alturas, estaba cantado que los dos potrillos definir\u00edan el Derby: el gran favorito y su rival directo.<\/p>\n<p>Cuando ingresaron a la recta final, Journalism domin\u00f3 a los punteros. Pero Sovereignty apareci\u00f3 abierto, atropellando con fuerza. Todo Churchill Downs comenz\u00f3 a rugir. Journalism por dentro, Sovereignty por fuera, cabeza a cabeza en un final de infarto. Dej\u00e9 de ver la pantalla gigante y volte\u00e9 hacia la pista. Los \u00faltimos metros fueron muy confusos: el fragor de las tribunas, los potrillos que se acercaban a la meta, la gente que saltaba y agitaba los brazos. El lodo salpicado por doquier. Alcanc\u00e9 a tomar varias fotos con mi celular mientras los caballos pasaron a mi lado, sin saber si saldr\u00edan bien o no. Solo dispar\u00e9 todas las veces que pude. Reci\u00e9n cuando me dejaron atr\u00e1s, cuando los caballos cruzaron la meta, supe que Sovereignty hab\u00eda pasado de largo al final. Que Journalism no pudo resistirlo, por m\u00e1s que luch\u00f3. Y que Baeza apareci\u00f3 de la nada para llegar tercero, volando en los finales.<\/p>\n<p>El trofeo del Kentucky Derby es un emblema del deporte americano y, sin exagerar, una de sus preseas m\u00e1s valiosas: es el \u00fanico trofeo deportivo en los Estados Unidos fabricado completamente en oro macizo de catorce kilates. Mide unos 56 cent\u00edmetros de alto y pesa casi dos kilogramos. Es fabricado en su mayor parte a mano, se comienza a elaborarlo cinco meses antes de la carrera y toma m\u00e1s de dos mil horas de trabajo. El trofeo es entregado al propietario del ejemplar ganador, en el c\u00edrculo de vencedores, inmediatamente despu\u00e9s del Derby. Pero tambi\u00e9n se entregan r\u00e9plicas de menor tama\u00f1o, al preparador, jinete y criador.<\/p>\n<p>Su origen se remonta al a\u00f1o 1929, con motivo del quincuag\u00e9simo aniversario del Derby. Y, como no pod\u00eda ser de otra forma, fue idea del inagotable Matt Winn. El trofeo representa una copa con un purasangre y su jinete en lo alto, as\u00ed como una herradura en alto relieve, grabada en el cuerpo. Desde que se cre\u00f3, el \u00fanico cambio relevante en su dise\u00f1o ha sido la direcci\u00f3n de los extremos de la herradura: a partir de 1999, dejaron de apuntar hacia abajo y comenzaron a hacerlo hacia arriba, como s\u00edmbolo de buena suerte y prosperidad.<\/p>\n<p>Terminada la carrera, volv\u00ed a atravesar la pista de arena para esperar el regreso de Sovereignty junto con el resto de periodistas y personal de Churchill Downs. A diferencia del d\u00eda de las Oaks, esta vez no lo pens\u00e9 dos veces. Mis zapatos ya estaban destruidos. Simplemente di pasos firmes sobre los charcos de lodo, caminando lentamente. Al llegar a la pista de c\u00e9sped, la algarab\u00eda se desbordaba por donde uno mirase. Las conexiones del Godolphin, caballeriza de Sovereignty, estaban euf\u00f3ricas. No era para menos: se trataba del primer Kentucky Derby de la ic\u00f3nica ecurie de Al Maktoum. Y la alegr\u00eda era por partida doble: en apenas 48 horas, hab\u00edan hecho el doblete Oaks-Derby.<\/p>\n<p>Sovereignty apareci\u00f3 de pronto, montado por un Junior Alvarado exultante. Ambos estaban embadurnados hasta las orejas de lodo y barro. Una sonora ovaci\u00f3n los recibi\u00f3. Llevaron al caballo de la brida y un vareador le comenz\u00f3 a echar cubos de agua por las grupas. Entonces vi la guirnalda y sus cuatrocientas rosas. La cargaban entre dos personas. M\u00e1s que una guirnalda, parec\u00eda un lecho de rosas, por lo larga y ancha que se ve\u00eda. Era un trabajo extraordinario: una filigrana floral, rebosante de vida y p\u00e9talos. Con no poco esfuerzo y la ayuda del propio jinete, la colocaron pesadamente sobre la cruz de Sovereingnty, que la recibi\u00f3 sin inmutarse. Quien no pudo contenerse fue Junior Alvarado, que comenz\u00f3 a arrancar las rosas de la guirnalda para lanzarlas al aire, feliz de la vida. Yo estaba tan cerca que una de las rosas cay\u00f3 a mis pies. Me agach\u00e9 para recogerla, como quien se encuentra con una joya en el suelo. La levant\u00e9 en el aire y la sostuve a contraluz, con las tribunas de Churchill Downs como marco. Era simplemente perfecta.<\/p>\n<p>EP\u00cdLOGO<\/p>\n<p>Todav\u00eda quedaban varios periodistas en la sala de prensa cuando sal\u00ed, mochila al hombro, rumbo a los buses. Afuera, Churchill Downs segu\u00eda palpitando. Como un diapas\u00f3n cuyas notas vibran largo rato en el aire y no terminan de silenciarse. Cruc\u00e9 el patio central, poblado de personas en grupo, parejas tomadas de la mano y sombreros de todos los tama\u00f1os. El p\u00fablico abandonaba las instalaciones del hip\u00f3dromo, entre risas y gritos. Sin apuro. Pero yo s\u00ed llevaba cierta prisa. Quer\u00eda llegar al hotel de una buena vez, quitarme los zapatos desastrados, pegarme una ducha caliente. Dormir a pierna suelta ocho horas seguidas, como m\u00ednimo. Apur\u00e9 el paso. Estaba oscureciendo y corr\u00eda un viento salpicado de peque\u00f1as gotas. De un momento a otro, pod\u00eda caer un nuevo diluvio.<\/p>\n<p>Al bordear el edificio semicircular del Paddock, cuando ya ten\u00eda al frente la estatua de Aristides y la puerta de salida, volv\u00ed a ver el puesto de los mint juleps. Muy cerca de la entrada al Clubhouse. Era el mismo puesto de la tarde, el Julep House de la encantadora Adelyn. Pese a la hora, continuaba abierto y se ve\u00edan unas luces en su interior. \u00bfEstar\u00eda Adelyn adentro? Me detuve por unos segundos. El puesto estaba vac\u00edo. Disponible. Mir\u00e9 mis zapatos, hechos una desgracia. Entonces record\u00e9 la rosa que recog\u00ed, una de las cuatrocientas rosas rojas ofrendadas al ganador del Derby. Y pens\u00e9 que, tal vez, lo sensato no era seguir mi camino, tomar el bus y llegar temprano al hotel. Lo sensato, lo prudente, lo que mandaba la raz\u00f3n, era dejarse llevar por ese canto de belleza sure\u00f1a, sentir en los labios el dulce sabor de otro mint julep y perderse para siempre entre los ojazos celestes de Adelyn y su vestido rojo encendido, estilo pradera.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El auto se detuvo ante lo que parec\u00eda ser la caseta de un peaje. 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